viernes, 27 de abril de 2012

El endecasílabo (I)

Esta entrada, y algunas más que seguirán, recoge los meteriales dispuestos por mí para el espacio "Taller del endecasílabo" que abrí dentro del foro "Taller de poemas con métrica y rima" perteneciente al Portal Literario Mundo Poesía. Está basado en las ideas asimiladas de alguno de los siguientes textos sobre métrica:

1. Manual de versificación española - Rudolph Baehr. Editorial Gredos.
2. Métrica española - Antonio Quilis. Editorial Ariel.
3. Métrica española - José Dominguez Caparrós. Editorial Síntesis.
4. Diccionario de métrica española - José Domínguez Caparrós. Alianza Editorial.

La parábola de la bicicleta es enteramente mía.


  1. ¿Qué es un endecasílabo?
De la manera más simple definimos el endecasílabo como un verso de once sílabas.
Y si nos quedamos sólo con esta definición, sin más precisiones, más de uno empezará a hacerse un lío al encontrar versos llamados así y que aparentemente tienen 10, 12 o incluso más sílabas. Por ejemplo, los siguientes versos:

- Añoro la dulzura de tu voz                                   (aparentemente de 10 sílabas)
- Jamás el peso de la nube parda                          (aparentemente de 11 sílabas)
- Vuelto desdén el ademán colérico                      (aparentemente de 12 sílabas)
- Cuando el Sol amanece por la ermita                 (aparentemente de 13 sílabas)
- Cuando amanece en la elevada cumbre             (aparentemente de 14 sílabas)

son todos versos endecasílabos.

Es preciso saber, por tanto, a qué nos referimos cuando hablamos de sílabas y algunas otras cosas.
Para ser más precisos recomiendo la definición que se da del endecasílabo en el Diccionario de Métrica de Domínguez Caparrós:

Endecasílabo: “Verso simple de de once sílabas métricas, con acento obligatorio en la décima sílaba”. (Los subrayados son míos).

Además añade: “El endecasílabo, cuya longitud coincide exactamente con la del grupo fónico máximo castellano (Antonio Quilis), está considerado como uno de los versos más nobles de la literatura castellana. Si está acentuado en todas las sílabas pares, produce un efecto de mayor gravedad.” Se considera a estos efectos como grupo fónico “la porción de discurso comprendido entre dos pausas sucesivas de la articulación”.

De la misma manera que al octosílabo le corresponde el grupo fónico medio del idioma, al endecasílabo le corresponde el máximo. Por encima de esta longitud son imprescindibles pausas o “cesuras”, es decir, se hace necesaria la división del grupo fónico en otros más pequeños, como sucede con el de catorce sílabas o alejandrino.

El uso del endecasílabo, y el grupo fónico y rítmico que representa, no prejuzga el tipo de estrofa o de esquema de rima a emplear. Con el endecasílabo pueden formarse pareados, tercetos, cuartetos, serventesios, romances, etc. Y en su agrupación puede haber rima de cualquier tipo o no haberla. El estudio de su esquema rítmico puede ser útil incluso para entender o disponer el verso libre, que en modo alguno debe confundirse con verso sin ritmo ni estructura formal. El desconocimiento de esto es la culpa de tanto verso libre malo como se ve. Al verso libre se debe llegar como superación del medido no por ignorancia del mismo.

  1. Algunas consideraciones previas sobre la composición poética. Intuición y normativa. La parábola de la bicicleta.

Antes de adentrarnos en el examen minucioso de las reglas métricas y rítmicas de la composición poética parece pertinente hacer unas consideraciones, que asumo personalmente, sobre el ejercicio de esa actividad. Pienso que el poeta o el que pretenda serlo debe conocer a fondo esas reglas y sin embargo estoy firmemente persuadido de que el poeta nato, en el momento de componer, no las tiene en primer plano, de una manera consciente sino asumidas e interiorizadas, y lo que en verdad lo guía al componer es algo que podríamos llamar intuición, y que para mí no es otra cosa que el profundo conocimiento de los ritmos naturales del lenguaje, de la musicalidad de la palabra hablada (mucho más que de la escrita). Y ¿cómo lograr enriquecer ese bagaje intuitivo? Leyendo, memorizando o aún mejor recitando muchísima buena poesía.
Y, una vez conseguido ese amueblamiento poético interior, el resto es trabajo rudo pero de resultados siempre presentables. Yo no sé como lo harán otros poetas pero en mi caso puedo asegurar que no voy midiendo sílabas: pongo el piloto automático del endecasílabo, por ejemplo, y según los voy pensando me los voy recitando. Si me equivoco el recitado chirría, y en ese momento quizá es cuando echo mano de la métrica, como un ciclista de la caja de herramientas para resolver un pinchazo. Eso puede suceder en uno de cada diez o veinte versos. En el resto no hace falta. Hay que conseguir que una métrica determinada actúe por si sola, hay que conseguir afinar el oído para la musicalidad del lenguaje y aprender a versificar como un niño aprende a hablar.
La métrica debe conocerse, pero si alguien me pidiera un consejo de cómo hacer para escribir sonetos no tendría duda en la respuesta: ¡HÁRTATE A LEER O MEJOR RECITAR SONETOS!
Y ahora contaré mi parábola de la bicicleta. Quienes han estudiado física saben que la cinemática del funcionamiento de la bicicleta, de por qué la bicicleta se mantiene en equilibrio mejor cuando está en movimiento y peor cuando está parada, es un tema muy complejo que implica temas mecánicos tan sofisticados como el momento de inercia de un elemento en giro y otras zarandajas. Pues bien, no descubro nada nuevo si digo que si un ciclista necesitara pensar en esas sublimes razones en el momento de montar en la bici y dar pedales seguro que terminaría cayéndose. Para circular le basta con tener la intuición de cómo reacciona la máquina ante sus acciones adquirida sobre la base de montar en bici a menudo. Pues al poeta le sucede también eso: si piensa demasiado en métrica es posible que se le vaya la inspiración, divino tesoro, como la juventud.
Entonces la pregunta que se me puede hacer es obvia: Entonces ¿para qué estudiar métrica? – Que la estudien los críticos. La respuesta es obvia: siempre conviene conocer las bases del trabajo en que uno se ocupa, sobre todo para perfeccionar el arte, … y para discutir en los foros con conocimiento de causa.

¿Seguimos? – Pues a ello.

[CONTINUARÁ]

2 comentarios:

Alma en el verso dijo...

Muchas gracias, Francisco, por tu poesía, por el generoso regalo de compartirla y de hacernos llegar tus valiosos conocimientos.
Un cordial saludo

Francisco Redondo dijo...

Gracias a ti, Alma en Verso, por tu atención, tu visita y tu amable comentario.