viernes, 19 de julio de 2019

Estudio literario y análisis métrico de “Tú me llamas amor yo cojo un taxi”, de Luis García Montero



Motivo.-  

Abordar el análisis de un cierto tipo de “versificación libre” de un poeta contemporáneo, Luis García Montero. Hace tiempo me venía preocupando la estructura métrica de lo que se dado en llamar “verso libre”, al menos de alguna variedad en ese inmenso campo de la poesía, y aquí, no sin cierta prevención, trato de acercarme a ella.

El poema.-

Tú me llamas, amor, yo cojo un taxi

1 Tú me llamas amor yo cojo un taxi,
2 cruzo la desmedida realidad
3 de febrero por verte,
4 el mundo transitorio que me ofrece
5 un asiento de atrás,
6 su refugiada bóveda de sueños,
7 luces intermitentes como conversaciones,
8 letreros encendidos en la brisa,
9 que no son el destino,
10 pero que están escritos encima de nosotros.

11 Ya sé que tus palabras no tendrán
12 ese tono lujoso, que los aires
13 inquietos de tu pelo
14 guardarán la nostalgia artificial
15 del sótano sin luz donde me esperas,
16 y que, por fin, mañana
17 al despertarte,
18 entre olvidos a medias y detalles
19 sacados de contexto,
20 tendrás piedad o miedo de ti misma,
21 vergüenza o dignidad, incertidumbre
22 y acaso el lujurioso malestar,
23 el golpe que nos dejan
24 las historias contadas una noche de insomnio.

25 Pero también sabemos que sería
26 peor y más costoso
27 llevárselas a casa, no esconder su cadáver
28 en el humo de un bar.

29 Yo vengo sin idiomas desde mi soledad,
30 y sin idiomas voy hacia la tuya.
31 No hay nada que decir,
32                                         pero supongo
33 que hablaremos desnudos sobre esto,
34 algo después, quitándole importancia,
35 avivando los ritmos del pasado,
36 las cosas que están lejos
37 y que ya no nos duelen.

Luis García Montero
DIARIO CÓMPLICE (1987)

El autor.-  Luis García Montero nace en Granada en 1958. Estudia Filosofía y Letras en la universidad de la misma ciudad y obtiene la licenciatura en 1980, y el doctorado en 1985 con una tesis sobre La norma y los estilos en la poesía de Rafael Alberti. Tras de un periodo como profesor asociado obtiene la cátedra de Literatura Española en la repetida universidad, de la que en el presente momento se encuentra en excedencia.
Pero sobre todo García Montero es escritor y poeta. Publica su primer libro de poemas, Y ahora ya eres dueño del Puente de Broklyn, en 1980, al que siguen Tristia, en colaboración con Álvaro Salvador en 1982, El jardín extranjero, en 1983, y bastantes más, hasta doce de momento, siendo el último publicado A puerta cerrada, 2017.  Aparte, ha publicado numerosas recopilaciones, entre las cuales figura Poesía urbana, a la que pertenece, dentro del poemario Diario cómplice, el poema que antecede. García Montero ha recibido entre otros los premios Adonais, el Nacional de Literatura y el Nacional de la Crítica. Dentro de la generación de los ochenta o postnovísimos, crea junto con Javier Egea y Álvaro Salvador el grupo poético de la otra sentimentalidad, que más tarde fue conocido como Poesía de la experiencia, que “tiende a diluir el yo más personal en la experiencia colectiva”.
Además García Montero ha ejercido una intensa actividad política.
En estos momentos es, desde 2018, director del Instituto Cervantes.

Algo acerca de la Poesía, el verso y el verso libre.-  La Poesía es arte oral; solo se desarrolla y existe en cuanto se la declama, recita y dice; según Antonio Machado:

Ni mármol duro y eterno
ni música ni pintura,
sino palabra en el tiempo.

¡Palabra en el Tiempo! Nada más ni nada menos: una vibración directa del espíritu. La poesía escrita es a la poesía lo que la partitura cifrada en su pentagrama es a la música: un soporte para su recuerdo, nada más. Dicen que Beethoven, ya sordo, “oía” su novena sinfonía al seguir su partitura. ¡Pobre Beethoven!
Lo que resulta de todo esto es que la métrica y la preceptiva poética se refieren a palabra dicha, a palabra pronunciada, y sobre todo ello tiene mucho que decir la fonética: versos, sílabas, medidas, acentos, sinalefas, hiatos,  pausas, cesuras. Fonética.
Cito directamente del tratadista Antonio Quilis un fragmento de la Introducción a su Métrica Española:
“Cuando la lengua se adapta espontáneamente a su finalidad comunicativa, la organización de estos elementos [fónicos (cantidad, intensidad, tono y timbre) o lingüísticos (fonema, sílaba, palabra, orden de palabras, oración)] es libre, asimétrica e irregular, y resulta la ordenación de la cadena hablada que se llama prosa. En cambio, si estos elementos están sometidos a un canon estructural de simetría y regularidad, se constituye el periodo rítmico que denominamos estrofa. Entre estos dos extremos hay diversos grados que dan lugar a los poemas libres, a la prosa rítmica, a los poemas en prosa, etc.”
Canon estructural de simetría y regularidad, que yo traduciría por repetitividad y reiteración ordenada de elementos, por ahí va la esencia del lenguaje poético. La Poesía, en su aspecto formal, es una repetición ordenada de elementos: repetición es la rima, repetición es la reiteración de las medidas de los versos, igualdad completa o isometría, o repetición, ordenada o no, de unos pocos tipos de verso o isosilabismo, asimismo la regularidad rítmica determinada por la disposición de los acentos según pautas más o menos fijas, y, finalmente, repetición o paralelismo de muchas de las figuras retóricas que usa la Poesía.
El discurso en prosa no pretende ningún tipo de regularidad predeterminado en el ritmo y los acentos, que se sitúan a su caer natural; en cuanto a las pausas, que delimitan la emisión oral de cada frase, vienen determinadas por la sintaxis gramatical, y, ortográficamente, por la puntuación: punto final, punto y aparte, punto y seguido, punto y coma, etc.
El discurso poético introduce otras pausas –pausas versales, cesuras, etc. – , que se añaden a las sintácticas cuando no coinciden con ellas, y que pretenden modular el discurso en el tiempo si no de manera uniforme al menos sometida a normas regulares y reiterativas. En cuanto al ritmo, sigue determinado por los acentos, pero se disponen para su resonancia ámbitos predeterminados y posiciones reguladas.
Para conseguir esto, la técnica poética dispone de elementos de regularidad, ornato y armonía. El primero de ellos es la versificación: la repartición del discurso en porciones que se llaman versos. En la poesía escrita el verso se distingue porque todas las palabras que lo componen se suelen escribir en un único renglón, aunque a veces, por necesidades tipográficas o de presentación, el verso se presente en dos o más renglones; sin embargo, siendo la poesía, como se ha dicho, un fenómeno oral, la razón del verso ha de ser otra. Veamos.
En primer lugar, verso (simple) es cada porción de texto poético que se ha de declamar en un solo ciclo de respiración, inspiración seguida de expiración. Es por ello que se lo llama grupo fónico. El grupo fónico verso está formado a su vez por una sucesión de un numero, definido según casos, de emisiones unitarias de voz que se llaman sílabas fónicas o métricas. Afirma Rudolph Baehr que en castellano el grupo fónico medio es el del verso octosílabo mientras que el grupo fónico máximo viene a ser el verso endecasílabo. Por esta razón, los versos de más de once sílabas, especialmente los de números de sílabas pares, suelen dividirse en dos por una cesura central, y se declaman en realidad como dos grupos fónicos llamados hemistiquios; de esta manera, son de hecho versos compuestos (tómese como ejemplo el alejandrino, equivalente a dos heptasílabos sucesivos).
En segundo lugar el verso constituye el ámbito en que se establece, a través de los acentos de las palabras - que se procura caigan en posiciones bien determinadas –, el ritmo o cadencia del propio verso y, a su través, el ritmo de la estrofa y del poema.
Sobre el tramado de versos se materializan los diversos recursos, reiteraciones y repeticiones que arman o adornan el discurso:
1.            La rima.- Igualdad o semejanza fonética de los finales de verso dispuesta con mayor o menor regularidad.
2.            La medida en sílabas de los mismos versos.- Dispuesta de manera regular o esperable a lo largo del discurso [isosilabismo], que puede ser uniforme [isometría] o multiforme [Plurimetría].
3.            El ritmo, por medio de los acentos.- Más regulado en los endecasílabos y otros de arte mayor, menos en los de arte menor.
4.            Figuras retóricas de repetición.- De palabras, de elementos sintácticos, de porciones de texto. Isomorfemas, isotaxis, isotextemas. Paralelismos, especularidad, etc.
5.            Figuras retóricas de ornato.- Tropos, metáforas, etc.

Veamos un par de ejemplos. El primero es un fragmento de “El romance del prisionero”, de autor anónimo medieval:

Que por mayo era por mayo,
cuando hace la calor,
cuando los trigos encañan 
y están los campos en flor,
cuando canta la calandria 
y responde el ruiseñor,
cuando los enamorados
van a servir al amor,

Analicemos  las repeticiones o reiteraciones de elementos:
1.            Rima. Afecta a los versos de orden par - 2º, 4º, 6º y 8º-, que terminan en –or,  de manera que al llegarse a un verso par se está esperando otra terminación así. Es rima consonante aguda, más allá de lo que exige el romance normalmente: rima asonante de versos pares.
2.            Métrica. Observamos que los ocho versos constan cada uno de ocho sílabas fónicas o métricas; son octosílabos, y el esquema métrico puede por tanto considerarse como isometría. Los versos de orden par son agudos y constan de siete sílabas gramaticales que se convierten en ocho por razón del acento.
3.            Acentos y ritmo. Todos los versos llevan acento en la séptima sílaba. Esta sílaba es la tónica principal de los octosílabos y la que marca el ritmo de todo el poema. Llevan, además, otros acentos no sometidos a regla alguna, pero que, junto a los principales completan el armazón del ritmo. Por ejemplo, el verso tercero

cuando los trigos encañan 

lleva acento principal en séptima ca y secundario en cuarta tri, en que las tres primeras sílabas constituyen la anacrusis, que va seguida de un dáctilo y un troqueo.
4.            Figuras retóricas de repetición.- En el primer verso se repite en horizontal por mayo … por mayo. Podría tratarse de la figura de repetición de palabras llamada anadiplosis, que refuerza y enfatiza la expresión temporal. Luego vemos que la palabra cuando inicia los versos 2º, 3º, 5º y 7º reiterando la misma estructura formal para describir circunstancias del clima, la vegetación, el canto de los pájaros y el quehacer de los enamorados, que vertebra la descripción del entorno del prisionero. Es un recurso retórico muy habitual en la práctica poética: la anáfora.
5.           Figuras retóricas de ornato.- Quizá debido a su carácter temprano en la historia de muestra poesía el poema casi carece de adornos retóricos e incluso de adjetivos. La belleza surge directamente de los sustantivos, de los conceptos y de la forma de presentarlos.

El segundo es una seguidilla de Miguel Hernández, la seguidilla décima del poema “Nanas de la cebolla”, escrito para su hijo desde la cárcel de la calle de Torrijos, en 1939.

Al octavo mes ríes
con cinco azahares.
Con cinco diminutas
ferocidades.
Con cinco dientes
como cinco jazmines
adolescentes.

Analicemos también aquí los elementos repetitivos o de ornato que arman esta parte del poema.

1.            Rima. Según el esquema habitual en la seguidilla larga, la rima es asonante y afecta por una parte a los versos 2º y 4º - azahares y ferocidades – y por otra a los versos 5º y 7º - dientes y adolescentes -. Esta segunda rima es en realidad consonante, pero destaco solo la asonancia, que a efectos de la seguidilla es suficiente.
2.           Métrica. En esta estructura ha desaparecido la isometría. Hay versos de dos medidas diferentes: siete y cinco. Son de siete los versos 1º, 3º y 6º y de cinco, los de orden 2º, 4º, 5º y 7º. Y estas medidas no se dan al azar sino que, en las seguidillas, se dan siempre, y siempre en estas posiciones, de manera que el recitador puede esperarlas siempre en su sitio de manera repetitiva. Esto se llama isosilabismo.
3.           Acentos y ritmo. Los versos llevan también su acento principal en la penúltima sílaba, como es norma general en la versificación en castellano, pero como aquí como se ha visto los versos son de distinta medida los de siete llevarán el acento principal en la sexta mientras que los de cinco lo llevarán en la cuarta. Esta es la causa del ritmo característico de las seguidillas, tanto en el recitado como en el canto.
4.           Figuras retóricas de repetición. Destaca sobre todo la anáfora que se repite en los comienzos de los versos 2º, 3º, 5º y 6º, con la fórmula con cinco o como cinco, referida insistentemente a los dientes metafóricamente adornados por el poeta.
5.           Figuras retóricas de ornato. En tan corto espacio hay al menos tres metáforas de los dientes del niño. Son directamente  cinco azahares (por su color y tamaño), cinco diminutas ferocidades (por su función potencialmente depredadora) o cinco claveles adolescentes (evidentemente por su belleza nueva).

Todo esto es lo que ha constituido el marco de composición al que nos solemos referir como versificación regular o versificación tradicional. Frente a este marco consolidado y habitual empezó a plantearse, desde finales del siglo XIX, por iniciativa de algunos poetas franceses, otro modo de concebir la composición poética, que se vino en llamar versificación libre  o versificación irregular. Dice al respecto Rudolf Baehr en su Manual de versificación española, pag. 80: “Para distinguir este nuevo sentido de la libertad en el verso del antes indicado, no hay que fijarse tanto en la ausencia de rima como en la variedad métrica de los versos, y también en el aprecio superior en que se tiene a la asonancia frente a la consonancia. El uso de versos de medida diferente tiene varios grados en su manifestación que van desde la adopción de determinados versos y estrofas ya existentes (en especial de la silva) hasta el sintagma rítmico del poema enteramente libre, que se adapta sin limitaciones a la voluntad de expresión del poeta, como lo hace la prosa”.
De los elementos repetitivos considerados en la versificación tradicional la versificación libre se plantea prescindir de todos o parte de ellos según este orden:
1.            Rima. Desaparece en casi todos los casos, hasta tal punto que muchos consideran al verso libre, principalmente, como verso sin rima. No obstante se vuelve ocasionalmente a ella en algunos casos, con pérdida de su regularidad.
2.            Métrica. Se empieza por prescindir de la isometría en un primer paso, permaneciendo en el isosilabismo más o menos regular; en un segundo, se prescinde incluso de esa regularidad métrica de los versos, hasta llegar por fin, como dice la cita anterior de Baehr, al “sintagma rítmico del poema enteramente libre”. Pero en el movimiento de verslibrisme en su conjunto llegan a coexistir composiciones correspondientes a cualquiera las etapas de esta evolución.
3.            Acentos y ritmo. Pueden persistir pero decae su importancia en la determinación del ritmo. Como dice José Domínguez Caparrós en su Métrica española, pags. 183-187 “el ritmo del verso libre se basa en repeticiones no sólo fónicas (que también pueden estar presentes, aunque no sean las de los esquemas métricos tradicionales), sino también sintácticas y semánticas. Esta segmentación, guiada frecuentemente por las ideas o por el paralelismo sintáctico, diferencia el verso libre de la prosa”.
4.            Figuras retóricas de repetición. No solo no disminuyen estas figuras, en especial las de anáfora y paralelismo, sino que se refuerzan como compensación a la pérdida de regularidad de la métrica y la rima. Según el mismo Domínguez Caparrós, en su Diccionario de métrica española : “Verdad es que la falta de sujeción a las normas de la métrica tradicional se compensa con un ritmo de pensamiento que queda reflejado: en frecuentes paralelismos, anáforas y otras figuras retóricas que denotan un sentido consciente de la construcción rítmica basada en una percepción individual; y en la segmentación del discurso, que confiere una potencia comunicativa particular”.
5.            Figuras retóricas de ornato. Su función permanece sin variación y cobran un papel protagonista en la distinción de esta poesía y la prosa.

Análisis métrico y rítmico. – A la vista de todo cuanto he expuesto en relación con el proceso de creación del llamado verso libre, debo examinar en que punto se sitúa el poema de referencia en el camino de la liberación  de su esquema de versificación.
Lo primero que se descubre es que no existe en el poema rima de ningún tipo, ni consonante ni asonante, con excepción de las asonantes que “se cuelan” en los versos:
11 y 14: tendrán y artificial.
17 y 18: despertarte y detalles.
24 y 26: insomnio y costoso.
28 y 29: bar y soledad.
Y digo propiamente “se cuelan” porque es obvio que son rimas accidentales, no buscadas. No cumplen ninguna función repetitiva ni significan ni añaden nada al poema. A veces, evitar la rima, aunque se pretenda, es menos sencillo de lo que pudiera parecer.
Estamos, pues, sin la armazón repetitiva de la rima.

En lo relativo a la métrica, iré ahora al análisis de medidas y acentos verso por verso. Al principio de cada uno indicaré su número de orden en la composición. Las sílabas tónicas irán en negritas, y aquellas en que recaigan los acentos de intensidad, además, en rojo; las tónicas forzadas se colorearán en fucsia. Las sinalefas irán entre paréntesis ( ) y las cesuras como //.

1 Tú-me-lla-mas-a-mor-yo-co-(jo un)-ta-xi, ->Acentos principales en 1ª,6ª y 10ª. Endecasílabo “a maiori” de tipo A1 o enfático. Podría ser melódico si consideramos tónica principal la 3ª en lugar de la 1ª, pero creo que la 1ª pide mayor énfasis acentual. Efectos antirrítmicos de 8ª y 9ª sobre 10ª.
2 cru-zo-la-des-me-di-da-rea-li-dad -> Ac. pr. en 1ª, 6ª y 10ª. End. “a maiori” de tipo A1 o enfático.
3 de-fe-bre-ro-por-ver-te, -> Acs. pr. en 3ª y 6ª. Heptasílabo dactílico (7dac).
4 el-mun-do-tran-si-to-rio-que-(me o)-fre-ce -> Acs. prs. en 2ª, 6ª y 10ª. End. “a maiori” de tipo A2 o heroico.
5 un-a-sien-to-(de a)-trás, -> Acs. prs. en 1ª, 3ª y 6ª. Hept. mixto de tipo B (troqueo-dáctilo-troqueo) (7mB).
6 su-re-fu-gia-da-bó-ve-da-de-sue-ños, -> Acs. prs. en 4ª, 6ª y 10ª. End. “a minori” (4ª tónica) de tipo B2 o sáfico.
7 lu-ces-in-ter-mi-ten-tes//co-mo-con-ver-sa-cio-nes, -> 14 sílabas con acentos principales en 6ª y 13ª y fuerte cesura central. Alejandrino, equivalente a dos heptasílabos sucesivos:
7.1 lu-ces-in-ter-mi-ten-tes -> Acs. prs. en 1ª y 6ª, tónica forzada en 4ª Hept.. mixto de tipo A (dáctilo-troqueo-troqueo) (7mA).
7.2 co-mo-con-ver-sa-cio-nes, -> Acs. prs. en 1ª y 6ª, tónica forzada en 4ª.
Hept. mixto de tipo A (7mA).
8 le-tre-ros-en-cen-di-dos-en-la-bri-sa, -> Acs. prs. en 2ª, 6ª y 10ª. End. “a maiori” de tipo A2 o heroico.
9 que-no-son-el-des-ti-no, -> Acs. pr. en 3ª y 6ª. Hept. dactílico (7dac).
10 pero que están escritos//encima de nosotros. -> Alejandrino, divisible en dos heptasílabos:
10.1 pe-ro-(que es)-tán-es-cri-tos -> Acs. prs. en 4ª y 6ª, ac. forzado en 2ª para mantener el ritmo trocáico. Hept. trocaico incompleto 4-6 (7ti46).
10.2 en-ci-ma-de-no-so-tros. -> Acs. prs. en 2ª y 6ª, ac. forzado en 4ª para mantener el ritmo trocaico. Hept. trocaico incompleto 2-6 (7ti26).
11 Ya-sé-que-tus-pa-la-bras-no-ten-drán -> Acs. prs. en 2ª, 6ª y 10ª. End. “a maiori” de tipo A2 o heroico agudo.
12 e-se-to-no-lu-jo-so,-que-los-ai-res -> Acs. prs. en 3ª, 6ª y 10ª.  End. “a maiori”  de tipo A3 o melódico.
13 in-quie-tos-de-tu-pe-lo -> Acs. prs. en 2ª y 6ª, ac. forzado en 4ª para mantener el ritmo trocaico. (7ti26).
14 guar-da-rán-la-nos-tal-(gia ar)-ti-fi-cial -> Acs. prs. en 3ª, 6ª y 10ª.  End. “a maiori”  de tipo A3 o melódico agudo.
15 del-só-ta-no-sin-luz-don-de-(me es)-pe-ras, -> Acs. prs. en 2ª, 6ª y 10ª. End. “a maiori” de tipo A2 o heroico. Especial sonoridad de la 6ª, tónica, por coincidir con monosílabo acentuado.
16 y-que,-por-fin,-ma-ña-na -> heptasílabo.
17 al-des-per-tar-te, -> pentasílabo. Este verso, aparentemente, rompe el esquema alirado (endecasílabos y heptasílabos) que se traía hasta aquí. Pero si se mira bien no es así. El 16 y el 17, recitados como un solo verso o grupo fónico, forman un endecasílabo, ya que la última sílaba del 16 se une en sinalefa a la primera del 17. Veamos.
16+17 y-que,-por-fin,-ma-ña-(na al)-des-per-tar-te, -> Acs. prs. en 4ª, 6ª y 10ª. End. “a minori” de tipo B2 o sáfico. 4ª especialmente resonante como monosílabo acentuado.
18 en-(tre ol)-vi-dos-a-me-dias-y-de-ta-lles -> Acs. prs. en 3ª, 6ª y 10ª.  End. “a maiori”  de tipo A3 o melódico.
19 sa-ca-dos-de-con-tex-to, -> Acs. prs. en 2ª y 6ª, ac. forzado en 4ª (7ti26).
20 ten-drás-pie-dad-o-mie-do-de-ti-mis-ma, -> Acs. prs. en 4ª, 6ª y 10ª. End. “a minori” de tipo B2 o sáfico. 4ª especialmente resonante como final de palabra aguda. La tónica de 2ª no cumple ninguna función estructural.
21 ver-güen-(za o)-dig-ni-dad,-in-cer-ti-dum-bre -> Acs. prs. en 2ª, 6ª y 10ª. End. “a maiori” de tipo A2 o heroico. Sonoridad en la 6ª, final de palabra aguda.
22 (y a)-ca-(so el)-lu-ju-rio-so-ma-les-tar, -> Acs. prs. en 2ª, 6ª y 10ª. End. “a maiori” de tipo A2 o heroico, agudo.
23 el-gol-pe-que-nos-de-jan -> Acs. prs. en 2ª y 6ª, ac. forzado en 4ª (7ti26).
24 las historias contadas//una noche de insomnio. -> alejandrino resoluble en dos heptasílabos sucesivos:
24.1 las historias contadas -> Acs. pr. en 3ª y 6ª. Hept. dactílico (7dac).
24.2 u-na-no-che-(de in)-som-nio -> Acs. prs. en 1ª, 3ª y 6ª. Hept. mixto de tipo B (troqueo, dáctilo, troqueo) (7mB).
25 Pe-ro-tam-bién-sa-be-mos-que-se-rí-a -> Acs. prs. en 4ª, 6ª y 10ª. End. “a minori” de tipo B2 o sáfico. 4ª especialmente resonante como final de palabra aguda.
26 pe-or-y-más-cos-to-so -> Acs. prs. en 2ª, 4ª y 6ª. Hept. trocaico completo (7tc).
27 llevárselas a casa, // no esconder su cadáver -> alejandrino resoluble en dos heptasílabos sucesivos:
27.1 lle-vár-se-las-a-ca-sa, -> Acs. prs. en 2ª y 6ª, ac. forzado en 4ª (7ti26).
27.2 (no es)-con-der-su-ca-dá-ver -> Acs. pr. en 3ª y 6ª. Hept. dactílico (7dac).
28 en-el-hu-mo-(de un)-bar. -> Acs. pr. en 3ª y 6ª. Hept. dactílico (7dac) agudo.
29 Yo vengo sin idiomas // desde mi soledad, -> alejandrino agudo resoluble en dos heptasílabos sucesivos:
29.1 Yo-ven-go-sin-i-dio-mas -> Acs. prs. en 2ª y 6ª, ac. forzado en 4ª (7ti26). La 1ª es tónica antirrítmica sin mayor función estructural.
29.2 des-de-mi-so-le-dad, -> Heptasílabo agudo de ritmo indeterminado, ya que no tiene otros acentos que el de la tónica principal.
30 y-sin-i-dio-mas-voy-ha-cia-la-tu-ya. -> Acs. prs. en 4ª, 6ª y 10ª. End. “a minori” de tipo B2 o sáfico. 6ª especialmente resonante como monosílabo acentuado.
31 No hay nada que decir,
32                                         pero supongo -> Con estos dos versos sucede como con el 16 y el 17: un heptasílabo seguido de un pentasílabo que, unidos, forman un endecasílabo; como el heptasílabo es agudo en la unión quedan seis sílabas que con las cinco que siguen nos dan las once previstas:
31+32 (No hay)-na-da-que-de-cir,-pe-ro-su-pon-go -> Acs. prs. en 2ª, 6ª y 10ª. End. “a maiori” de tipo A2 o heroico. Ligero efecto antirrítmico de la primera tónica sobre la segunda. Especial sonoridad de la 6ª, final de palabra aguda.
33 (que ha)-bla-re-mos-des-nu-dos-so-bre-es-to, -> Acs. prs. en 3ª, 6ª y 10ª.  End. “a maiori”  de tipo A3 o melódico. El acento principal en 10ª impide la sinalefa, aún siendo iguales las dos vocales en contacto.
34 al-go-des-pués,-qui-tán-do-(le im)-por-tan-cia, -> Acs. prs. en 4ª, 6ª y 10ª. End. “a minori” de tipo B2 o sáfico. Sonora la 4ª, tónica, final de palabra aguda.
35 a-vi-van-do-los-rit-mos-del-pa-sa-do, -> Acs. prs. en 3ª, 6ª y 10ª.  End. “a maiori”  de tipo A3 o melódico.
36 las-co-sas-(que es)-tán-le-jos -> Acs. prs. en 2ª y 6ª, ac. forzado en 4ª (7ti26). La 5ª es tónica antirrítmica sin mayor función estructural.
37 y-que-ya-no-nos-due-len. -> Acs. pr. en 3ª y 6ª. Heptasílabo dactílico (7dac).

Resumen del análisis métrico y rítmico.- La composición consta de 37 versos, pero cinco de ellos – los numerados como 7, 10, 24, 27 y 29 – son alejandrinos, que dan lugar cada uno a dos heptasílabos y, por otra parte, dos parejas de versos – los numerados como 16 y 17 y 31 y 32 – que se combinan en cada una para formar sendos endecasílabos; de esta manera, a los efectos del análisis, el poema constará de 40 versos, de los cuales 20 son endecasílabos y 20, heptasílabos. La estadística por tipos rítmicos de los versos, naturales o deducidos, de este poema es como sigue:






Endecasílabos
“A maiori”
Enfáticos ………………………..……………………..  2
Heroicos ……………………………………………….  7
Melódicos ……………………………………………… 5
         TOTAL “A MAIORI” ………………………...… 14
“A minori”
Sáficos puros ………………………………………….  0
Sáficos ………………………………………………….  6
Dactílicos ……………………………….………………. 0
         TOTAL “A MINORI” …………………………….  6
         TOTAL ENDECASÍLABOS …………………… 20

Heptasílabos
Trocaico completo …………………………………..   1
Trocaico incompleto 2-6 ……………………………   7
Trocaico incompleto 4-6 ……………………………   1
De ritmo indeterminado, solo con acento en 6ª ..   1
       TOTAL TROCAICOS …………………………...  10
Dactílico …………………………………………..……   6
Mixto de tipo A …………………………………….…    2
Mixto de tipo B ……………………………….………    2
        TOTAL DACTILICOS O ASIMILADOS ………  10
        TOTAL HEPTASÍLABOS ………………………  20

Entre los endecasílabos, el balance entre los “a maiori”, más altisonantes, y los “a minori”, más líricos, está muy equilibrada. Lo mismo puede decirse de la comparación entre heptasílabos trocaicos frente a dactílicos. En cuanto a la disposición relativa de versos de 11 y 7 sílabas en el poema, poco hay que decir. No parece que exista una pauta regular de ambos metros sino que la ocurrencia de los mismos está a su caer; se registran, por ejemplo, desde secuencias alternantes hasta series isométricas de cinco o seis heptasílabos o endecasílabos seguidos.
No obstante este tipo de combinación métrica no es ni mucho menos desconocida. Una combinación de versos endecasílabos y heptasílabos con o sin pauta de regularidad es una composición alirada – según nombre derivado de la lira garcilasiana- [Ver a este respecto la entrada de enlace https://ciposfred.blogspot.com/2012/08/una-posible-explicacion-de-la-armoniosa.html en mi blog “Ciencia y Poesía de Francisco Redondo]. Si, además, no se pone límite al número total de versos ni se establece pauta alguna para la alternancia de ambos tipos de verso, de manera que tras de un verso cualquiera tanto pueda situarse un endecasílabo como un heptasílabo, entonces estamos ante una silva, una silva sin rima, o sea, una silva blanca. La silva clásica, una forma de composición extensa bastante elaborada, suele llevar rima, generalmente consonante, sin pauta de regularidad determinada, y permite dejar algunos versos sin rima. La silva blanca se aparta en esto de la clásica, pero no deja por ello de ser silva, y de ser bastante usada, especialmente en algún modo de versificación libre


Encaje del poema analizado dentro del panorama de la versificación irregular o libre.-

Examinemos hasta donde ha alcanzado el proceso de desregulación de los elementos normalmente repetitivos en la poesía regular o tradicional y hagámoslo en el orden planteado en los epígrafes anteriores: rima, métrica, acentos y ritmo, y figuras retóricas.
Se ha prescindido de la rima, salvo esas escasas ocurrencias de rimas asonante encontradas y que  no he dudado en calificar de accidentales. No hay, pues, rima.
En lo que a la métrica se refiere, se observan versos de dos medidas diferentes: siete y once sílabas respectivamente. No hay ya isometría, pero sí isosilabismo: detrás de un verso cualquiera siempre se espera un endecasílabo o un heptasílabo, aunque sea imposible predecir cual de los dos tipos llegará. No se trata de un isosilabismo en que cada tipo de verso ocupe lugares determinados dentro de una estrofa o de todo el poema, como sucedería en el caso de la lira (heptasílabos: primero tercero y cuarto; endecasílabos: segundo y quinto), sino que su disposición interna es libre e impredecible, como en la silva, de la que puede considerarse una variante: la silva blanca o sin rima. Ha habido, pues, una pérdida de regularidad métrica, pero la regularidad subsiste en gran medida.
Los acentos de los versos, tanto de los endecasílabos como de los heptasílabos, y por ende el ritmo de los mismos, se mantienen rigurosamente en las posiciones habituales en el verso clásico. Los veinte endecasílabos acentúan rigurosamente su sexta y su décima sílabas y, además, seis de ellos acentúan también la cuarta. Los catorce “a maiori” acentúan también una de las tres primeras sílabas del verso y de los seis “a minori” ninguno acentúa la séptima, lo que excluye a los versos dactílicos que tan mal emparejamiento tienen con el resto de los tipos. Los veinte heptasílabos llevan la acentuación principal temática en la sexta sílaba y luego, salvo uno, de acentuación no determinada, acomodan la restante a las posiciones habituales según el ritmo, trocaico o dactílico, que domine en ellos. Por tanto, en acentos y en ritmo se mantiene la regularidad clásica.
En cuanto a figuras retóricas repetitivas o de ornato, la verdad es que el poema es bastante sobrio: alguna anáfora muy disimulada, algunos adjetivos o epítetos elegantes en un contexto muy apegado a la cotidianeidad conceptual. No hay, pues, compensación retórica por la pérdida, muy limitada, de repetitividad métrica o de rima.
En resumen, en el poema analizado de García Montero se prescinde de la rima, pero se mantiene el isosilabismo y la regularidad acentual y rítmica clásicos. Se asoma al verso libre. No más.
Madrid, viernes, 19 de julio de 2019.

Francisco Redondo Benito de Valle

viernes, 17 de mayo de 2019

El mundo desde lo alto de una silla de montar



El mundo desde lo alto de una silla de montar
ha de ser otro mundo del que observa
a pie enjuto el villano, el peatón, el piernas …
aunque se trate de una silla inglesa sobre bestia
lozana y bien alimentada, la rienda distendida
y el bocado holgado y tolerable.

El mundo desde lo alto de una silla de montar
empieza a ofrecer la perspectiva arrogante
del terrateniente, del amo de vidas y haciendas,
del señorito malcriado durante años de holganza
entre el servil pulular de los criados, atentos a la menor
necesidad del alevín de dueño de las cosas.

El mundo desde lo alto de una silla de montar
ya no es el que veía el caballero esforzado y errante,
atento a la defensa del débil y el desvalido;
ya no es el de los grandes horizontes que conquistar
ni el de los altos valores a detentar.
Ya no es el mundo ideal y onírico de Amadís o don Quijote.

Hoy el mundo desde lo alto de una silla de montar
es tan solo una caricatura, una mueca soberbia,
un residuo enmohecido, envilecido, roto
de una gloria abandonada y cien veces prostituida.
La pantomima de un dominio periclitado y muerto
que pretende asustar a un pretendido entorno pusilánime.

Madrid, viernes, 17 de mayo de 2019


martes, 9 de abril de 2019

Es (calera)


Es (calera)

Es
una
promesa
incumplida
que, eterna, vuelve,
que, tenaz, reclama
llegar a ser, por fin, cosa …
promesa incumplida que vuelve,
eterna deuda que insaldada grita,
ola del mar, que ya encrespada se alza y va
rota en espuma, deshecha en maremagnum de
embestidas violentas de linfa acre, salada
y despeñada. Torvo destino de lo no logrado.

Madrid, martes, 09 de abril de 2019

domingo, 20 de enero de 2019

Publicación de Sonetos II



























AVISO

Acabo de publicar mi segundo libro de sonetos. Lleva el título de

Sonetos – II

De las personas, las emociones y los sentimientos

Se encuentra a la venta en el siguiente enlace en Internet


al precio de 3,95 euros más gastos de envío.

El libro se compone de 130 páginas, de tamaño 5” x 8” (12,7 x 20,32 cm) y contiene 73 sonetos y 3 sonetillos. Como variantes poco corrientes del soneto clásico se pueden encontrar varios acrósticos, varios en versos alejandrinos, uno en versos de cabo roto, otro pareado, un soneto en idioma inglés, varios según el esquema del soneto inglés y un soneto de trece versos.

El contenido es, en resumen, como sigue:

Contenido

De las personas
Personas
Niños
Mis chicas
Julita
De las emociones y los sentimientos
De amor
Epitalamios
Ditirambos
Glamour
Del sentido moral
El mal
Del pecado: Pecados capitales
La guerra
La melancolía
Decadencia
La premonición de la Muerte
La quimera de Dios

lunes, 12 de noviembre de 2018

Afinidades métricas entre cuartetos de pie quebrado: La estrofa sáfica de Villegas y la estrofa de Francisco de la Torre


Afinidades métricas entre cuartetos de pie quebrado:
La estrofa sáfica de Villegas y la estrofa de Francisco de la Torre

1.      Isosilabismo en la poesía española. Isometría y plurimetría.

El isosilabismo, la regularidad en el número de sílabas métricas de los versos en un poema, se inicia en la poesía en castellano a mediados del siglo XIII, en el Libro de Alexandre; a partir de entonces se va consolidando paulatinamente su implantación, sobre todo en los versos largos. Pero es sobre todo en el siglo XV con el Marqués de Santillana y sus cuarenta y dos sonetos fechos al itálico modo, y poco más tarde con la poesía italianizante de Boscán y Garcilaso de la Vega cuando el isosilabismo se asienta definitivamente en la métrica castellana, en coexistencia con una proporción minoritaria de poesía anisosilábica, más o menos reglada, e incluso con una poesía amétrica [ ver Rudolf Baehr, Manual de versificación española, pags. 54-57].

En el contexto del isosilabismo la métrica de los versos se repite de manera regular a lo largo de la composición; en posiciones concretas que se suceden de manera periódica cabe esperar una determinada medida de los versos. En la mayoría de las composiciones esa regularidad se traduce en la igualdad métrica de todos los versos: eso se denomina isometría; en otros casos menos frecuentes los versos son de varias medidas, generalmente dos: eso se llama plurimetría.

2.     Plurimetría. Versos o pies quebrados.

En las composiciones plurimétricas  se manejan versos largos en combinación con otros más cortos, que, en ese contexto, se llaman versos de pie quebrado o versos quebrados o simplemente quebrados.

Los versos de pie quebrado son versos cortos, de siete sílabas o menos, que carecen de autonomía y que funcionan de manera subordinada de otros más largos, respecto de los que vienen a ser semejantes a hemistiquios [José Domínguez Caparrós Diccionario de métrica española]. Por esta razón conviene que el quebrado se acomode al ritmo del primer hemistiquio del largo al que se subordina, es decir, que lleve sus acentos rítmicos dispuestos de manera semejante al del largo más próximo. Ejemplo:





Del céfiro en las alas conducida,
por la radiante esfera
baja, de rosas mil la sien ceñida,
la alegre primavera.
(Meléndez Valdés, Oda II)

En rojo las sílabas tónicas principales (6ª) del primer hemistiquio en los endecasílabos primero y tercero y en los heptasílabos subordinados que actúan como quebrados en la composición; subrayados los hemistiquios de referencia y los heptasílabos que actúan de quebrados, todos de siete sílabas e igual acentuados.

En la poesía en castellano existe un repertorio de parejas de verso  más largo – pie quebrado que han demostrado su adecuación para la polimetría. Enuncio algunas de las más conocidas:

Heptasílabo – pentasílabo  en las seguidillas y haikúes.
Octosílabo – trisílabo en los ovillejos.
Octosílabo – tetrasílabo en las coplas de pie quebrado, cuartetas o sextillas.
Endecasílabo – pentasílabo en la estrofa sáfica de Villegas.
Endecasílabo – heptasílabo en un amplio repertorio de estrofas o canciones aliradas, de que nos ocuparemos con más amplitud en lo que sigue.
Alejandrino – heptasílabo
Hexadecasílabo - octosílabo

Hay quien extiende el concepto de estrofa alirada a toda estrofa polimétrica cuyo verso mayor sea endecasílabo, cualquiera que fuera la medida del correspondiente quebrado, lo cual da entrada en el grupo a la estrofa sáfica de Villegas.

3.     Canciones aliradas: estrofas y composiciones extensas.

Como queda dicho, llamamos en un sentido amplio canción o estrofa alirada a toda composición o estrofa polimétrica cuyo verso mayor sea endecasílabo. El pie quebrado será en la mayoría de los casos un heptasílabo, y con mucho menor frecuencia un pentasílabo.

De la razón de la afortunada armonía rítmica entre endecasílabos y heptasílabos (o pentasílabos) se ha hablado en lo que antecede, pero, en lo referente tan solo al heptasílabo remito al lector a mi artículo en https://ciposfred.blogspot.com/2012/08/una-posible-explicacion-de-la-armoniosa.html .

A partir de Garcilaso de la Vega (1499 (?)-1536) y de su famosa lira:

Si de mi baja lira
tanto pudiese el son, que en un momento
aplacase la ira
del animoso viento,
y la furia del mar y el movimiento;

las composiciones aliradas atraviesan la poesía española en una larga retahila que llega hasta nuestros días. Tratan con sus pies quebrados de dar aire, gracia y ligereza a la monotonía de los versos isométricos, y frecuentemente lo consiguen. Son, muy resumidamente, según el número de versos:
Con tres versos:  gran parte de los estrambotes de los sonetos.
Con cuatro versos:  los cuartetos-lira de diversos tipos, de dos de los cuales nos ocuparemos en detalle.
Con cinco versos: principalmente la lira garcilasiana, como la arriba reseñada.
Con seis versos:  la sextina-lira.
En composiciones más extensas: la estancia de la canción petrarquista y la silva.

4.     Los cuartetos-lira. Dos casos singulares: la estrofa sáfica de Villegas y la estrofa de Francisco de la Torre.

El cuarteto-lira es una “combinación estrófica de cuatro versos, endecasílabos y heptasílabos [o, añado yo, excepcionalmente, endecasílabos y pentasílabos] en proporción variable, que riman, normalmente en consonante, el primero con el tercero y el segundo con el cuarto; o el primero con el cuarto y el segundo con el tercero. Puede encontrarse también con rima asonante o con algún verso suelto” [José Domínguez Caparrós – Diccionario de métrica española].

En respuesta a una definición tan flexible podemos encontrar sin duda una gran variedad de estrofas que puedan denominarse propiamente como cuartetos-lira. Yo pretendo ocuparme en este estudio de los dos ya anunciados.

4.1. La estrofa sáfica de Villegas.

Fue ideada por el poeta del siglo de oro Esteban Manuel Villegas (1589-1669). Es el único cuarteto-lira que tiene por quebrado un pentasílabo, en lugar del temático heptasílabo de las composiciones aliradas. Consta de tres endecasílabos “a minori” sáficos, con acentos rítmicos en 4ª, 8ª y 10ª sílabas, y, eventualmente, también en 1ª, seguidos de un pentasílabo de ritmo dactílico, con acentos en 1ª y 4ª sílabas. De esta manera se consigue que el pentasílabo tenga el mismo ritmo sáfico de los endecasílabos que lo preceden. En su origen esta estrofa fue concebida sin rima, aunque seguidores posteriores se la pusieron en algunos casos. El ejemplo antológico de Villegas es el que sigue:

Dulce vecino de la verde selva,
huésped eterno del abril florido,
vital aliento de la madre Venus,
céfiro blando.

(De Las Latinas, libro 4º de la 2ª parte de las Eróticas)

El análisis métrico de esta estrofa nos da el siguiente resultado.

1 Dul-ce-ve-ci-no-de-la-ver-de-sel-va, -> Acentos principales en 1ª, 4ª, 8ª y 10ª,  endecasílabo sáfico puro o sáfico en la estrofa sáfica (Baehr).
2 hués-ped-e-ter-no-del-a-bril-flo-ri-do, -> Estructura rítmica idéntica a la anterior.
3 vi-tal-a-lien-to-de-la-ma-dre-Ve-nus, -> Acentos principales en 4ª, 8ª y 10ª, acento extrarítmico en la 2ª, endecasílabo sáfico.
4 cé-fi-ro-blan-do. -> Acentos en 1ª y 4ª, estructura rítmica idéntica (1º y 2º)  o compatible (3º) con el primer hemistiquio de los endecasílabos que anteceden.

El efecto es de una hermosa suavidad rítmica consecuencia de la especial acentuación de los sáficos, y el gracioso quiebro del pentasílabo dactílico.

4.2. La estrofa de Francisco de la Torre.

El bachiller Francisco de la Torre, llamado así por Francisco de Quevedo, que difundió su obra ya en siglo siguiente, fue sin embargo un poeta poco conocido de la segunda mitad del siglo XVI. Ideó y usó esta estrofa por primera vez en España con la intención, según Rudolf Baehr, de imitar las odas clásicas de Horacio vertiéndolas  a la lengua vulgar, pero apartándose bastante de aquel esquema, que usaba el pentasílabo (adónico) en lugar del heptasílabo en que quiebra su estrofa.

Esta es una “estrofa compuesta de tres endecasílabos seguidos de un heptasílabo, y sin rima entre sí. … Hay quien admite la rima consonante alterna, e incluso la rima asonante alterna”. [José Domínguez Caparrós Diccionario de métrica española].

Es, por su métrica, una variante del cuarteto-lira, que algunos consideran emparentada con la estrofa sáfica que hemos visto. Pero respecto de aquella, la única semejanza que veo es la de estar formada por tres endecasílabos seguidos de quebrado – en la sáfica, pentasílabo -. En lo demás, en lo referente al ritmo, yo veo diferencias sustanciales entre ambas, ya que, la sáfica, al quebrar en pentasílabo, pide ir precedida por endecasílabos “a minori” o sáficos, mientras que la de De La Torre, que quiebra en heptasílabos, con acento principal en 6ª sílaba, se acomodan mejor con endecasílabos “a maiori” con acento rítmico central asimismo en 6ª sílaba.

Ejemplo:

Tirsis, ah, Tirsis, vuelve y endereza
tu navecilla contrastada y frágil
a la seguridad del puerto; mira
que se te cierra el cielo.
(Francisco de la Torre,  Poesías)  

En rojo las sílabas tónicas principales (6ª) del primer hemistiquio en el endecasílabo tercero y en el heptasílabo subordinado, que actúa como quebrados en la composición; subrayados el hemistiquio de referencia y el heptasílabo que actúan de quebrados, ambos de siete sílabas e igual acentuados.

La estrofa fue ampliamente imitada, si bien con variaciones en la rima, en principio inexistente.  La usaron tanto en el Neoclasicismo (XVIII) como en el Romanticismo (XIX) y en el Modernismo (XIX-XX). La nómina de usuarios, dentro de la poesía magistral es amplia:

Meléndez Valdés (1754-1817) la usa sin rima.
Leandro Fernández de Moratín (1760-1828) asimismo sin rima.
Manuel de Cabanyes (1808-1833) con quien alcanza su cima.
Duque de Rivas (1791-1865) también la usa profusamente.
Con rima consonante bien cruzada ABAb bien abrazada ABBa la usan:
Conde de Noroña (1760-1815).
Alberto Lista (1775-1848).
José Zorrilla (1817-1893).
Gertrudis Gómez de Avellaneda, cubana (1814-1873).
En forma asonante romanceada la usan:
Gustavo Adolfo Becquer (1836-1870) como veremos con mayor detalle.
Manuel de Zequeira (1760-1846).
Luego, en el Modernismo,
José Martí, cubano, (1853-1895).
Miguel de Unamuno (1864-1936).
Gabriela Mistral, chilena, (1889-1957), con rima consonante.
Finalmente, en retorno a la forma blanca original, pasado el Modernismo, tenemos a
Ignacio Agustí (1913-1974).
Todo esto según la reseña histórica de la práctica magistral de esta estrofa que consigna Rudolf Baehr en su Manual de versificación española.

4.2.1. Análisis de un ejemplo magistral: Bécquer, Volverán las oscuras golondrinas .  

Gustavo Adolfo Bécquer tenía una especial predilección por la estrofa de Francisco de la Torre. Tan solo en el reducido repertorio de rimas del poeta que se incluyen en la excelente antología de José Bergúa Las mil mejores poesías de la lengua castellana, doce páginas, he contado catorce estrofas de ese tipo, en rimas como Poesía eres tú, Del salón en el ángulo oscuro o Volverán las oscuras golondrinas, y me consta la existencia de otras fuera de ese corto repertorio, como, por ejemplo, Podrá nublarse el sol eternamente.

En todos los casos que recuerdo de estas estrofas Bécquer emplea una rima asonante en los versos pares, a la manera de los romances, y en gran parte de ellas los versos rimados son, además de terminación aguda, con lo cual la rima queda apoyada en una única vocal, rima algo pobre para la excelente calidad métrica, retórica y poética en general. Pero así era el Romanticismo: una tormenta de inspiración junto a una cierta decadencia en el rigor formal.

Como colofón a este modesto estudio de la estrofa de De La Torre voy a analizar el detalle formal y sobre todo métrico  de la emblemática Rima Volverán las oscuras golondrinas. 

Volverán las oscuras golondrinas
en tu balcón sus nidos a colgar,
y otra vez con el ala a sus cristales
jugando llamarán.

Pero aquellas que el vuelo refrenaban
tu hermosura y mi dicha al contemplar,
aquellas que aprendieron nuestros nombres...,
ésas... ¡no volverán!

Volverán las tupidas madreselvas
de tu jardín las tapias a escalar,
y otra vez a la tarde, aún más hermosas,
sus flores se abrirán.

Pero aquellas cuajadas de rocío,
cuyas gotas mirábamos temblar
y caer como lágrimas del día...
ésas... ¡no volverán!


Volverán del amor en tus oídos
las palabras ardientes a sonar;
tu corazón de su profundo sueño
tal vez despertará.

Pero mudo y absorto y de rodillas,
como se adora a Dios ante su altar,
como yo te he querido..., desengáñate,
¡así no te querrán!

Son seis estrofas, y las seis son estrofas de Francisco de la Torre, tres endecasílabos seguidos de un heptasílabo como quebrado. Las seis estrofas se organizan en tres grupos de dos: el primero habla de las golondrinas, el segundo, de las madreselvas y, finalmente, el tercero, de la forma en que se producirá o se produjo el amor.

De las dos estrofas de cada grupo la primera habla de la repetición futura de un aspecto del entorno amoroso, es enunciativa y se inicia sistemáticamente con la palabra Volverán; la segunda trata de la imposibilidad de retorno del fulgor del prístino amor, pese a la hipotética vuelta al mismo entorno, es adversativa, y se inicia sistemáticamente con la conjunción pero.

Aparte de este esquema retórico, la métrica del poema es como sigue, separadas por guiones las sílabas métricas, en negritas y en rojo las tónicas principales, en negritas las secundarias o extrarrítmicas y entre paréntesis () las sinalefas:

1 Vol-ve-rán-las-os-cu-ras-go-lon-dri-nas -> Endecasílabo “a maiori” de tipo A3, melódico, con acentos rítmicos en 3ª, 6ª y 10ª.
2 en-tu-bal-cón-sus-ni-dos-a-col-gar, -> End. “a minori” de tipo B2, sáfico a la francesa, con acentos rítmicos en 4ª, 6ª y 10ª. Agudo.
3 (y o)-tra-vez-con-el-a-(la a)-sus-cris-ta-les -> Como el 1º, acs. r.  en 3ª, 6ª y 10ª, melódico.
4 ju-gan-do-lla-ma-rán. -> Heptasílabo trocaico incompleto 26, acs. r. en 2ª y 6ª. Agudo.

5 Pe-(ro a)-que-llas-(que el)-vue-lo-re-fre-na-ban -> Como el 1º, acs. r.  en 3ª, 6ª y 10ª, melódico.
6 (tu her)-mo-su-(ra y)-mi-di-(cha al)-con-tem-plar, -> Como el 1º, acs. r.  en 3ª, 6ª y 10ª, melódico. Agudo.
7 a-que-llas-(que a)-pren-die-ron-nues-tros-nom-bres..., -> End. “a maiori” de tipo A2, acs. r.  en 2ª, 6ª y 10ª, heroico
8 é-sas...-¡no-vol-ve-rán! ->Hept. mixto de tipo B incompleto, acs. r. en 1ª y 6ª. Agudo.




9 Vol-ve-rán-las-tu-pi-das-ma-dre-sel-vas-> Como el 1º, acs. r.  en 3ª, 6ª y 10ª, melódico.
10 de-tu-jar-dín-las-ta-pias-(a es)-ca-lar, -> Como el 2º, sáfico a la francesa, con acentos rítmicos en 4ª, 6ª y 10ª. Agudo.
11 (y o)-tra-vez-a-la-tar-(de, aún)-más-her-mo-sas, -> Como el 1º, acs. r.  en 3ª, 6ª y 10ª, melódico. Efecto antirrítmico de la 7ª sobre la 6ª.
12 sus-flo-res-(se a)-bri-rán.  -> Como el 4º, trocaico incompleto 26, acs. r. en 2ª y 6ª. Agudo.

13 Pe-(ro a)-que-llas-cua-ja-das-de-ro-cí-o, ->  Como el 1º, acs. r.  en 3ª, 6ª y 10ª, melódico.
14 cu-yas-go-tas-mi-rá-ba-mos-tem-blar ->  Como el 1º, acs. r.  en 3ª, 6ª y 10ª, melódico. Agudo.
15 y-ca-er-co-mo-lá-gri-mas-del-dí-a... ->  Como el 1º, acs. r.  en 3ª, 6ª y 10ª, melódico.
16 é-sas...-¡no-vol-ve-rán! -> Idéntico al 8º. Hept. mixto de tipo B incompleto, acs. r. en 1ª y 6ª. Agudo.

17 Vol-ve-rán-del-a-mor-en-tus-o-í-dos -> Como el 1º, acs. r.  en 3ª, 6ª y 10ª, melódico.
18 las-pa-la-bras-ar-dien-tes-a-so-nar; -> Como el 1º, acs. r.  en 3ª, 6ª y 10ª, melódico. Agudo.
19 tu-co-ra-zón-de-su-pro-fun-do-sue-ño -> End. “a minori” de tipo B2, con acentos rítmicos en 4ª, 8ª y 10ª, sáfico prácticamente puro; solo le falta el acento rítmico en 1ª sílaba.
20 tal-vez-des-per-ta-rá. -> Como el 4º, trocaico incompleto 26, acs. r. en 2ª y 6ª. Agudo.

21 Pe-ro-mu-do-(y ab)-sor-(to y)-de-ro-di-llas, -> Como el 1º, acs. r.  en 3ª, 6ª y 10ª, melódico.
22 co-mo-(se a)-do-(ra a)-Dios-an-te-(su al)-tar, -> Como el 2º, sáfico a la francesa, con acentos rítmicos en 4ª, 6ª y 10ª. Agudo.
23 co-mo-yo-(te he)-que-ri-do...,-de-sen-gá-ña-te, -> Como el 1º, acs. r.  en 3ª, 6ª y 10ª, melódico. Esdrújulo.
24 ¡a-sí-no-te-que-rrán! -> Como el 4º, trocaico incompleto 26, acs. r. en 2ª y 6ª. Agudo.

Como resumen del análisis métrico que antecede cabe fijar las siguientes observaciones:
1.            De los dieciocho endecasílabos, diecisiete, con la excepción del decimoquinto (verso 19), llevan acento principal en la 6ª sílaba, lo que permite una perfecta concordancia rítmica con los heptasílabos, que acentúan asimismo, por ser la penúltima,  su sexta sílaba.
2.            De esos mismos dieciocho endecasílabos, una mayoría de trece son “a maiori”, es decir, no llevan acento en la 4ª sílaba; de ellos, doce son de tipo A3 o melódicos, con acento rítmico en 3ª sílaba y uno de tipo A2 o heroico, con acento en 2ª; los tres restantes son “a minori”, sáficos, con acentos en 4ª y 6ª. El ritmo pues de los endecasílabos de este poema es muy predominantemente “a maiori” y melódico, con ese minoritario contrapunto de los sáficos que de algún modo suavizan la composición.
3.            Los seis heptasílabos, como es obligado, acentúan todos su sexta sílaba, y luego, según casos, la segunda o la primera. Resultan así cuatro de ritmo trocaico incompleto 2-6 y dos de tipo mixto, de tipo B incompleto. Los seis, según diseño de la composición, tienen terminación aguda.
4.            De los dieciocho endecasílabos, seis, los segundos de cada estrofa, llevan terminación aguda, por concordar y rimar con los seis heptasílabos; de los doce restantes, once llevan terminación llana y uno (verso 23), esdrújula, con el consiguiente decremento de una sílaba en la cuenta del verso.
5.            La rima es, para toda la composición, asonante de los versos de orden par. Rimarán en cada estrofa el segundo endecasílabo con el heptasílabo. Como la construcción adoptada por Becquer previene terminación aguda para estos versos, la rima queda reducida a una sola vocal, la vocal á en los doce versos rimados de la composición. Por sistema en todas las estrofas la terminación del segundo verso es en –ar, y corresponde casi siempre al final del infinitivo de un verbo: colgar, contemplar, escalar, temblar, sonar, excepto en la última, altar, que es sustantivo; la del heptasílabo se corresponde con una forma de futuro verbal, generalmente en tercera persona plural: llamarán, volverán (dos veces), abrirán, mientras que en la final, referente a la amada, pasa a la segunda: despertará y querrán. Un esquema de rima muy pobre, como ya dije, aunque suficiente.

5. Conclusiones.

Y es cuanto me cumple decir de estas dos interesantes estrofas, tan usadas, especialmente la segunda en cuatrocientos años de lírica castellana, y de la fecunda floración de los cuartetos-lira y de las estrofas y composiciones aliradas en general.

6. Bibliografía consultada.

Baehr, Rudolf – Manual de versificación española. 1ª edición Ed. Gredos 1970.
Bergua, José – Las mil mejores poesías de la lengua castellana. Trigésima edición, 1991. Clásicos Bergua, Ediciones Ibéricas.
Domínguez Caparrós, José – Diccionario de métrica española, 2ª edición, 1ª reimpresión, 2004. Alianza editorial.
Domínguez Caparrós, José – Métrica española, 2ª edición revisada, 1ª reimpresión, 2006. Editorial Síntesis.

Quilis, Antonio – Métrica española, 1ª edición corregida y aumentada, 18ª reimpresión, 2007. Editorial Ariel.

Madrid, lunes, 12 de noviembre de 2018

Francisco Redondo


lunes, 1 de octubre de 2018

Sonetillo con apuros

La edad y la falta de inspiración, tan relacionadas, me tienen en una sequía preocupante, que he tratado de forzar con este sonetillo, entre angustias de mal parto. Ahí va.


Hace tropecientos días
que no compongo un soneto.
¿Tendré el caletre obsoleto
o la musa en averías?

¿Empiezas uno y te lías
en el segundo cuarteto?
¡Aupa, que el primer terceto
bordarás como sabías!

Y llegué. Ya estoy seguro,
pues solo me quedan cinco
o cuatro, con éste tres.

Y así, no sin cierto apuro,
pergeñé con harto ahínco
el sonetillo que ves.

Madrid, lunes, 1 de octubre de 2018

domingo, 30 de septiembre de 2018

Lapiceros de colores


El primo mayor de mis dos nietos, Silver Saar, él, siendo Tristan y Elian Redondo Saar, respectivamente los nietos, estones los tres, aprovechaba los lapiceros que durante una comida familiar daba el restorán para que los niños se entretuvieran, y nos pintaba un paisaje con mar y arco iris. Y yo improvisé estos versos:

Arcos iris minerales
sobre un cielo de papel,
Silver Picasso nos pinta
su regalo en un mantel.

Utiliza lapiceros
porque no tiene pincel,
pero los usa con gracia
y arte de pintor novel.

Fue en el año dieciocho
-         Estonia como un vergel –
allá por el mes de agosto,
cuando nació el churumbel.

13 de agosto de 2018
Francisco Redondo “El Abuelo”
Hotel Palace, Tallinn.

domingo, 22 de julio de 2018

Anunciación

Me han informado de que viene de camino mi quinto nieto. Y estoy así, como podéis imaginar.

Creí mi corazón abarrotado
de tanto bien como me dio la vida,
pero ¡hete aquí! que anuncia su venida
otro retoño tierno, inesperado,

mas no por ello menos deseado,
arrebato candeal de miel herida.
Y será … -  ¡viejo bobo! – bienquerida …
Y será, lo que sea, bien llegado.

Llegará con un pan bajo del brazo,
un sol de promisión sobre la frente
y un llanto inaugural por equipaje,

lo acunará la madre en su regazo,
nido primero del amor creciente.
¡Haced sitio a otra flor, que va de viaje!

Madrid, viernes, 4 de mayo de 2018