viernes, 10 de septiembre de 2010

Los jueces inicuos

Una vez que el juez Baltasar Garzón en la causa abierta por los crímenes del franquismo declaró extinguida la responsabilidad penal por fallecimiento de los responsables y se hubo inhibido para las demás resultas de la misma causa a favor de los juzgados de instrucción de las localidades en que hubieran fosas comunes de desaparecidos, la mayoría de los juzgados a los que se trasladaron los expedientes optaron por darles carpetazo y archivarlas, y al hacerlo, junto con su responsabilidad pretendieron enterrar la verdad, la justicia, y soslayaron la reparación de uno de los crímenes mayores cometidos en este país, sobre cuya conciencia enferma gravitan y gravitarán en tanto no se reparen debidamente. Garzón lo intentó, y tanto el Fiscal General como las más altas instancias judiciales del Estado se lo impidieron y se lo quieren hacer pagar mediante un acoso que es otra de las patentes vergüenzas mundiales que aquejan a la Justicia Española. Garzón lo intentó, la mayoría de los instructores provinciales, salvo dos o tres honrosas excepciones, no. El diario “Público” de Madrid, en su número del domingo 30 de Mayo de 2010 (http://www.publico.es/espana/316518/crimenes/espana/investiga) publicó la relación de los juzgados que archivaron las causas que se les trasladaron después de la inhibición de aquel.

A estos jueces que desatendieron la causa de las víctimas, y a los que mantienen en el Tribunal Supremo un apresurado y vergonzoso acoso a un juez decente va dedicado este soneto.

Como ha sido usual en la Historia de España, (ver "Pasión y muerte del general Riego" en este mismo blog) la "caverna" efectúa una selección perversa secular castigando a los hombres preclaros del Estado y dando poder a los mediocres. Garzón es perseguido con saña y premura singulares por atreverse por primera vez a romper la omertá del “atado y bien atado” del genocidio franquista, y proceder además contra el gravísimo escándalo de la corrupción política generalizada (caso “Gürtel”), es decir, por cumplir en ambos casos con su deber.


Viga en que se sostiene el desafuero,

puñeta vil que al poderoso libra,

balanza coja que desequilibra

contra el débil el peso del dinero.


Del prejuicio de clase sois venero,

de arrogancia de cuerpo vuestra fibra,

que destila desprecio cuando vibra

la queja de ese deudo tesonero.


Mas no sepultaréis entre legajos

lo que intentó tapar esa victoria

bajo tierras, mentiras y gargajos;


si os alineáis ahora con la escoria

de fusiles, garrotes y vergajos,

pronto os arrollará nuestra memoria.

2 comentarios:

David Martínez Vilches dijo...

Pues amarga la verdad, quiero echarla de la boca, decía Quevedo,
y en tu Soneto lo expones perfectamente. Un placer, como siempre.

Francisco Redondo dijo...

Te aseguro, David, que pocas cosas me producen más pesadumbre que estas que denuncio.

Gracias. Un abrazo,