viernes, 18 de septiembre de 2009

Ángeles odontólogos

A las jóvenes doctoras, y en especial a la Dra. Montoya, a cuyas manos encomiendo mis dientes


¿Desde cuando los ángeles tormentos

estudian en cruenta asignatura

de modo que en infausta criatura

llevan a cabo los experimentos?


Una galaxia horrenda de instrumentos

alterna sin piedad la mano pura

contra la inerme y rota dentadura,

lima que lima ajena a los lamentos.


¡Seda, oh cruel, el nervio dolorido,

no le escatimes la inyección calmante,

por relajar el músculo en alerta!


¡Así, así por Dios! Qué agradecido

queda el paciente en su dolor menguante,

mirando al ángel con la boca abierta.


Madrid, viernes, 18 de septiembre de 2009

De parte de aquel paciente de cerviz artrósica, garganta escasa y miedo desmedido que tanto trabajo da, pero que no obstante sabe escribir versos, al menos eso piensa él.

4 comentarios:

Juan José dijo...

Bueno al menos ya somos dos los que pensamos asi... ehhh vale... después de esto las atenciones de seguro que saldrán gratis con este significativo soneto... muy bien y sigo en la lectura de tus magníficas obras, poeta amigo Francisco.

Un abrazo hasta alli... Juan José..

Francisco Redondo dijo...

Gracias, Juan José. Un abrazo.

ANTONIO JIMÉNEZ LUNA dijo...

Entiendo que tu dentista aúna habilidad profesional y belleza física.

Nunca había pensado en escribir un soneto a mi dentista, pero la verdad es que la idea no deja de tener originalidad

Francisco Redondo dijo...

Pues a mí me tiene en vilo; así que voy a ver si la aplaco, aunque sin duda la culpa es de mi mala salud dental.

Gracias, Antonio.