viernes 13 de febrero de 2009

Consejos para componer un ovillejo

Consejos para componer un ovillejo

 

 

1.      ¿Qué es un ovillejo? El ovillejo es una estrofa de alarde que popularizó Miguel de Cervantes dentro de su novela más excelsa “El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha” y mucho más tarde usó, entre otros,  José Zorrilla en su “Don Juan Tenorio”. El “Diccionario de métrica española” de José Domínguez Caparrós lo define así:

 

Ovillejo. Estrofa de diez versos dispuestos de la siguiente forma: tres pareados de octosílabo y quebrado; una redondilla que sigue la rima del último pareado y cuyo último verso se forma con la unión de los tres quebrados. La rima es consonante.

 

¿Quién menoscaba mis bienes?

Desdenes.

Y ¿quién aumenta mis duelos?

Los celos.

Y ¿quién prueba mi paciencia?

Ausencia.

De este modo, en mi dolencia

ningún remedio se alcanza,

pues me matan la esperanza

desdenes, celos y ausencia.

 

2.     Cómo aconsejo componer un ovillejo. En mi opinión el ovillejo debe empezarse a componer por los pies. Y digo esto con un doble sentido: debe empezarse por los pies – por el último verso (primer sentido), el cual, partido en tres nos proporcionará los pies quebrados (segundo sentido), todo lo cual, colocado en su sitio nos dejará formado el esqueleto del ovillejo.

 

Me viene a la memoria una vieja canción asturiana:

 

Fui al Cristo y enamoreme

¡malhaya de enamorar!

Desde que te vi. aquel día,

morena mía

non te podré olvidar.

¡Malhaya de enamorar!

 

Y en una coda final se alterna el ¡malhaya de enamorar! con amores que yo tenía, verso éste, evocador y nostálgico, con que acaba la canción.

 

Pues bien, tomemos este último verso:

 

amores que yo tenía,

 

y tratemos de construir nuestro ovillejo sobre él. Lo primero que tenemos que comprobar es que sea de ocho sílabas métricas; y realmente lo es:

 

a-mo-res-que-yo-te-ní-a,

 

luego habrá que tratar de obtener a partir de ello los tres pies quebrados trisílabos. Probemos:

 

amores/ que yo/ tenía

 

El primero y el tercero están claros, pero el central parece tener sólo dos sílabas … Aparentemente porque está en el centro, pero, si lo separamos y contemplamos aislado, observaremos que termina en el pronombre yo, que es agudo, con lo cual nos resultarán 2 + 1 = 3 sílabas. Vale, pues. Ya tenemos el esqueleto de nuestro ovillejo, que queda como sigue (los números son los de orden de cada verso):

 

2 amores

 

4 que yo

 

6 tenía

 

10 amores que yo tenía

 

Ahora vamos a elegir las consonantes. Me inspiro en el carácter de elegía amorosa de la canción y juego con los conceptos AMOR-DOLOR y encuentro por ejemplo dolores-amores, padeció-yo, hería-tenía-agonía. Nos faltan las centrales de la redondilla (versos 8º y 9º), y me gusta la consonante –ura, que contrasta bien con la vecina –ía, y que, en el mismo contexto, nos proporciona dulzura-locura.

 

De esta manera, nuestra estructura se ha enriquecido ya notablemente y tiene este aspecto:

 

1                                                                                                  dolores

2          amores

3                                          padeció

4     que yo

5                                          hería

6     tenía

7                                          agonía

8                                          dulzura

9                                          locura

10 amores   que        yo      tenía

 

Y ahora un poco de jugar con las palabras y de aplicar imaginación nos da el resultado final:

 

El rigor de los dolores

de amores

ninguno más padeció

que yo,

que amor cuanto más me hería

tenía.

Y aún viviendo en la agonía

todo trocaba en dulzura

esa adorable locura

de amores que yo tenía.

 

Obsérvese que, para mejorar el sentido del verso, he debido anteponer a amores la preposición de tanto en el 2º como en el 10º versos, aunque, a causa de la sinalefa, ni en un caso ni en el otro aumentó la cuenta de sílabas. Así de sencillo.

4 comentarios:

RosaMaría dijo...

Qué interesante, en realidad es una ciencia y casi matemática, escribir poesía. Yo que las elaboro sin pensar en ello, ahora me da un poco de avergüenza mi atrevimiento.
Gracias por us siempre instrustivos post y tu poesía tan perfecta y profunda a la vez.

Francisco Redondo dijo...

Pues estás en lo cierto, Rosa María. La composición realmente es intuitiva. Es preciso haber leído mucha poesía hasta hacer propia, interiorizada su estructura; y luego dejar volar la pluma al hilo de la intuición.
Los conocimientos como el que expongo sirven para análisis de lo ya hecho o para alimentar el bagaje interiorizado, pero no para usar conscientemente en el momento de la composición. Gracias por tu comentario.

Roberto Aleman dijo...

Esta bonito el ejemplo la verdad ya tenia un conocimiento previo de la elavoracion de un ovillejo pero este ejercicio lo hac parecer mas facil. Gracias por compartirlo. Don Francisco Redondo.

Francisco Redondo dijo...

De nada, D. Roberto, es un placer saber que lo hecho sirve para alguien o para algo. Gracias a usted por su visita y su lectura.