sábado, 23 de mayo de 2015

Nostalgia


En este último mes he cumplido mis primeros setenta y seis años,
me han diagnosticado mi primer cáncer, en la piel, pequeño,
manejable, y me lo acaban de extirpar, dicen que bien,
y en este mes, después de muchos meses sin que me viniese nada,
he compuesto por fin otro soneto; este.

Amé la flor y amé la luz del día,
las empinadas cuestas, los caminos,
el caprichoso errar de los destinos
hollados al azar, sin dios ni guía.

Aquel marchar, tu mano con la mía,
a la vera de arroyos cristalinos,
juntos, enamorados peregrinos,
de la ribera fresca entre la umbría.

¿Quién andará las sendas que nos vieron?
¿Quién beberá en las fuentes que bebimos?
¿Quién verá los ocasos que admiramos?

Sendas habrán, mas no las que ya fueron.
Y fuentes manarán, no las que vimos.
Y nunca ya los sueños que soñamos.


Madrid, sábado, 23 de mayo de 2015

7 comentarios:

Marcos Andrés dijo...

Encantador soneto que con tu habitual maestría evoca tiempos pasados en felices momentos.
Mia aplausos, amigo Francisco.

Enrique (childe) dijo...

Lamento con dolor esa noticia
y al grato desenlace doy festejo,
no sé si agradecer llegar a viejo
que hacer más de setenta a uno le vicia

desea para sí piel vitalicia
y no asistir al último cortejo,
un soneto postrer, un ovillejo
un nuevo amanecer, otra caricia.

No añore sendas que el andar las hace
ni añore fuentes mientras halla vino
siempre hay ocaso para aquel que nace

en cuanto a sueños, hubo el que convino
y déjeme de nuevo que le abrace
que aun queda por andar mucho camino.

Enrique (childe) dijo...

Un abrazo y como de costumbre, leer tus poemas es un placer.

Enrique (childe) dijo...

Pido disculpas

Hayábame yo en ayes y ahora en llanto,
y en yunta, por la elles y los fallos,
hundido por las rayas y los rayos.
Jodida ortografía, me atraganto.

Francisco Redondo dijo...

Muchas gracias, Marcos (Maramín), muchas gracias, Enrique (Childe). Os reuno en una sola contestación porque vosotros os habéis unido en la amistad y en propósito de confortarme. No sé que asusta más, la enfermedad o los años; debe ser lo segundo, ya que lo primero se solventó en quince minutos, tres puntos, una biopsia y uno de esos nombres que usan los médicos para distanciarse de lo extraño: "epitelioma basocelular", pero que ponen los pelos de punta, pero no es nada en el conjunto de degradaciones, declives e insuficiencias con que nos regala lo segundo, la edad. Y esa si que progresa adecuadamente, sin prisa pero sin pausa y nos va dejando genio y figura de carcamal.
Gracias a ambos y un abrazo.

Antonio Nieto Bruna dijo...

Precioso y preciso soneto, estimado Don Francisco, celebro que lleve con buen ánimo los pequeños y seguro bien salvables obstáculos que van dejando los años. Mis más sinceras felicitaciones por todo ello y por tan excelso soneto.
Un cordial saludo.

Francisco Redondo dijo...

Muchas gracias, don Antonio. Lo poco que va quedando; en cuanto a lo demás, lo tengo asumido: la vida es así, y afortunadamente a mí me ha sido relativamente leve. Muchas gracias por su deferencia; eso conforta.