viernes, 4 de septiembre de 2009

Las amistades perdidas

Antiguas octavas castellanas en versos dodecasílabos compuestos


De tantos puñales que me apuñalaron

me da la memoria recuento certero,

y con el recuento, dolor muy severo

por tantos amigos que me traicionaron.

Esos mismos pechos que me confortaron

urdieron arteros mi daño y perjuicio;

con ello lograron fugaz beneficio,

inferior al duelo que me reportaron.


¡Cuantas amistades bajo juramento,

que nombran al Cielo por mudo testigo,

hoy juran y ensalzan la fe en el amigo,

mañana la venden si llega el momento!

No sé por qué elevo tan triste lamento

ni de qué me duelo con queja tan vana:

flaca y miserable la ralea humana,

ni mantiene apego ni honra sentimiento.


Las pasadas horas en que entretenía

los graves afanes del quehacer diario

¡qué dulce el respaldo de su compañía,

qué atinado el hilo de su comentario!

Nadie, nadie sabe cuanto es necesario

el abrazo amigo hasta que se pierde:

como herida viva la ausencia te muerde,

te hiela la angustia de andar solitario.


¿Os cansan mis quejas?¿Os sobra mi llanto?

Oíd con paciencia, no tengo otra cosa:

la vida comienza plena y bulliciosa,

pero a cada vuelta te recorta el manto:

a unos se los lleva y otros mientras tanto

terminan mostrando su esquiva ruindad,

y al fondo del saco ves la Soledad.

¿Qué importa que venga? No me causa espanto.

2 comentarios:

Juan José dijo...

Que bien se lee estas octavas, excelente... un motivo suficiente para seguir en su lectura. Gracias por compartirlo. Un abrazo hasta alli. Juan José

Francisco Redondo dijo...

Muchas gracias por tu visita, Juan José. Estás en tu blog.

Un abrazo,