jueves, 5 de junio de 2008

El primor de nuestras vidas

A Lupe y a María ,
las hijas primogénitas de mi mejor amigo y mía, respectivamente.

Nacisteis de un suspiro de amor de vuestras madres
que, entre todos los muchos, sin duda fue el primero,
y, sin duda, el más hondo, detrás de aquel “si quiero”
otorgado al ardiente querer de vuestros padres.

Las niñas de los ojos. Fuisteis el Sol señero,
los diáfanos espejos de un luminoso día
que vestidos de carne la Aurora nos traía
como primicia tierna del tiempo venidero.

Crecisteis. Con vosotras creció vuestra dulzura,
se amplió el horizonte gentil de vuestros sueños
y se abrieron caminos, praderas y avenidas.

Tan cerca de vosotras moró nuestra ternura
que casi se podían tocar esos pequeños
detalles que suponen la sal de nuestras vidas.


Madrid, jueves, 15 de mayo de 2008

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