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viernes, 8 de abril de 2011

Con eñe de cariño

Cogidos como novios de las manos,

cada uno del otro dulce dueño,

tejemos entre dos el mismo sueño

mientras, altos, derivan los vilanos.


Lucen radiantes los cabellos canos

al aire del agosto madrileño;

no cabe el corazón en el pequeño

recinto en que se adensan los veranos.


Va dejando su campo a la ternura

-esa firme argamasa del cariño-

el deseo, que mengua con los años.


Ajenos a la arruga y a sus daños

cultivamos del alma la hermosura:

el vino, viejo y el asombro, niño.

martes, 17 de junio de 2008

Mano y paciencia

Ya no estoy para amar y, sin embargo,
mi viejo corazón aún persevera
en mantenerse en su gozoso cargo
de amar al hilo de la Primavera.

Un busto audaz me saca del letargo,
un dulce sonreír mi sangre altera
e, imaginadamente, mano alargo
hacia la carne en flor que carne espera.

Y en esto para todo porque, luego,
el gendarme interior, miedo o prudencia,
apaga los rescoldos de mi fuego.

Que, a los que atesoramos experiencia,
cuando nos tienta el diosecillo ciego
nos consuela la mano y la paciencia.

Madrid, martes, 13 de mayo de 2008